Hacia capitulos felices

Lara tenía facultad esa tarde, pero la profesora más copada del año decidió darles la clase otro día. "Oh si, momento libre dentro de todos mis líos, para intentar conocer a Luis" pensó Lara. Agarró su celular y miró el nombre de su amigo a través de la pantalla que tenía el vidrio roto, partido más o menos en 7 partes y decidida le mandó:

 -Haces algo esta tarde estúpido? Nos juntemos?? 

Al instante, un mensaje llegó al celular viejo de Lara, con una respuesta que le daba el positivo a su propuesta pero no sabía que, el efecto futuro de esa cita, juntada, reunión, o como quieran llamarle, también le daba un efecto positivo a sus vidas que jamás olvidaría. 

Terminada su jornada habitual, salió de la escuela saludando a sus alumnos que estaban en patio techado, acompañada de una infantil esperanza que parecía haberle sido robada al nene de lentes, uno de los alumnos de tercero "b". 

El cielo le decía que no iba a ser una tarde esperanzadora, ya que el frió del 3 de septiembre intentaba asustarla y guardala en su casa, pero la adrenalina -porque hay que tomar valor- y las ganas de vivir la experiencia de conocer a ese amigo, le llenaba el cuerpo de calor. 

El colectivo rojo de su día a día en 30 minutos llegaría a destino. Lara trató de relajarse mientras miraba por la ventana ese día, que era de los últimos fríos de invierno que no se olvidaban de ser helados y con su amigo, el viento, molestaba a cualquier sujeto que pasara enojado porque el viento era pícaro, como uno de esos alumnos que molestaba, por molestar. "Es solo un amigo, nada va a pasar, no me tengo que poner nerviosa, lo conozco hace un tiempo, que sea lo que Dios quiera" se decía a si misma.

Las conexiones entre las personas, a veces, son un poco difíciles, tanto que te joden en el mundo virtual. Lara y Luis no podían comunicarse con veracidad, ni rapidez, el internet y la confusión humana hicieron que Lara se bajara lejos del punto de encuentro. Esto en vez de causar enojo, causo risas en Lara, ya que su panza llena de mariposas la obligaban a reírse y a que sus ojos quedaran chinitos, incluso estando por ahí sola. Camino unos 5 minutos y le preguntó en un audio  -¿Dónde estás? Miró hacia abajo de ese puente y ahí venia él con aire despreocupado, contándole al mundo que no había de que preocuparse, si no más bien, abierto hacia nuevas experiencias, caminando hacia esos capítulos felices que tiene la vida pero sin saberlo. 

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